Soy de Cobreloa – Lolita Editores

Ser hincha de Cobreloa y vivir en Santiago, como era mi caso, equivalía a tardes de soledad sin igual pegado a la radio para mendigar novedades a través de la alarma de gol, porque las emisoras ni siquiera se molestaban por esos años en transmitir todos sus partidos o rumiar hoy porque al Canal del Fútbol no le interesa televisar sus partidos como local.

¿De dónde diablos salió ese apego por un club de una provincia tan lejana que, en rigor, estaba más cerca de Bolivia que de mi propia casa, a todo esto, ubicada en la calle Los Aromos, a un par de cuadras de la Plaza Ñuñoa y a una distancia caminable del Estadio Nacional?

La primera vez que lloré por fútbol tenía 8 años y lo hice frente a un espejo, la noche del martes 30 de noviembre de 1982, el mismo día en que Michael Jackson lanzó Thriller, el disco que con el paso del tiempo se convertiría, entiendo que hasta hoy, en el más vendido de la historia.

Para el 87, Cobreloa ya era una ocupación de tiempo completo. No existía y no podía haber nada más importante que eso. Tenía 13 años y no me interesaban ni el estudio ni las mujeres, solo el fútbol, el cual con más empeño que talento jugaba todos los recreos y fines de semana.

Cobreloa, más que un sentimiento, era casi una enfermedad. Recuerdo noches terribles, temblando y comiéndome las uñas para que un córner lanzado por los brasileños de Guaraní o de Sao Paulo llevaran el menor riesgo posible al arco del Gato Osbén, en la primera fase de la Libertadores del 87.

Carlos Vergara Ehrenberg


Autor: Carlos Vergara Ehrenberg
ISBN: 978-956-8970-49-9
N° de páginas: 170
Año de edición: 2014

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