Reseña: Crónicas contra el olvido, Mario Valdovinos

Reseña: Crónicas contra el olvido, Mario Valdovinos

La lucha frontal de Mouat es contra el olvido. Para tal efecto echa mano de materiales frágiles: literatura, citas, el trabajo de la memoria, el recuerdo, consciente de que el pasado puede ser un país extraño, lleno de trampas, como las que le tiende la nostalgia, su hija predilecta.

Mouat redacta semana a semana su célebre columna “Tiro Libre” y pertenece a esa generación de cronistas equidistante de, por ejemplo, Joaquín Edwards Bello, el gran reprendedor, como lo llamaba Gabriela Mistral, y de Pedro Lemebel, más cáustico y punzante; es afín a Roberto Merino y proclive a perder horas en las calles de ciudades con o sin pasado, inclinado no a pontificar ni a blasfemar, sino a establecer un diálogo con las sombras y los fantasmas, a fijar la mirada en la estética y la ética de lo que aparenta intrascendencia, a quedarse extasiado contemplando una fotografía.

Así, traza en sus escritos el itinerario biográfico de un alma, de un lector, de un suspirante activo.

Desentierra situaciones, tentativas, vidas, como lo hizo en un libro anterior con el empampado Riquelme, un hombre común, con proyectos antiépicos, que viajó desde Chillán al bautizo de su nieto, en el norte, en 1956, y murió en el intento.

Al mismo tiempo entrevista a Américo Grunwald, un judío rumano sobreviviente vocacional de Auschwitz; escribe sobre los desaparecidos de Argentina y de Chile; fija su óptica en el músico Jorge Peña Hen -”su muerte fue como abatir a un ruiseñor”-; escribe una elegía a un amigo del alma, José Luis Molinare; relata la historia de Rodrigo Rojas De Negri; le dedica una crónica a su nana, María Rosa Martínez, enterrada en Paine; otra a un pariente remoto: el científico Héctor Croxatto; traza el retrato del profesor de literatura Fidel Sepúlveda; añora la compañía de Pierre Jacomet, un desaforado lector…

En su camino abundan las citas, aunque no en exceso; la erudición no ahuyenta al lector poco informado, más bien lo alienta a conocer a los autores que el cronista convoca: Coetzee, John Donne, Primo Levi, Juan Carlos Onetti. Borges. Todos le regalan versos, frases, pasajes evocadores.

Cuando el tono se satura de un temple melifluo, un gran peligro, lo soslaya y fusiona la atmósfera periodística del género de la crónica con la literaria del cuento.

Leo Algunos adioses mientras escucho a John Coltrane y hay un gato en mi ventana, tendido como una divinidad desdeñosa. Sin quererlo, Neruda me regala un verso que cabe como mano en guante a las crónicas de Francisco Mouat: “Color azul de exterminadas fotografías”.

Mario Valdovinos
Revista de Libros El Mercurio
20 de febrero de 2011

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