Reseña: Mouat y el arte de la conversación

Reseña: Chilenos de raza, Francisco Mouat

A mediados de los años setenta, Fenelón Guajardo rentabilizó magistralmente su inexplicable parecido con el actor estadounidense Charles Bronson: no sólo ganó un concurso de dobles en “Sábados gigantes”, sino que también protagonizó una serie de comerciales de jeans y hasta logró evadirse de la represión militar -apelando a la fama- una noche en que había transgredido el toque de queda.

Una de las mejores crónicas de “Chilenos de raza”, el más reciente libro del periodista Francisco Mouat, gira en torno a las andanzas del Charles Bronson criollo: convertido ahora en guionista de historias de cowboys, Guajardo recibió gustoso a Mouat y, después de una distendida conversación, incluso le propuso el rol protagónico en una improbable película: “Me gusta usted, tiene cara de bandido, así que hagamos un western, y yo no lo mato, lo mantengo vivo hasta el final. Matamos a todos los extras, pero a usted lo dejo de protagonista, ¿le parece?”.

Chilenos de raza es, en rigor, una segunda versión -corregida y aumentada- de El teniente Bello y otras pérdidas, libro de 1998 destinado, también, a registrar la pérdida física o imaginaria de una serie de compatriotas moderadamente célebres. Además de Fenelón Guajardo y del consabido teniente Bello, figuran aquí, entre otros próceres, Leontina Espinoza (la mujer que afirmaba haber parido más de cincuenta hijos, pero que no pudo certificar su marca ante los realizadores del “Libro de Guinness de los Records”), Eduardo Pérez Loyola (involuntario inspirador de la cueca del guatón Loyola), Jenaro Gajardo Vera -más conocido como “el dueño de la Luna”-, el cura Soto -insigne disidente del voto de castidad- y Mario Osses Quirós, un hombre que lleva décadas esperando convertirse en Presidente de Chile, a pesar de la “escasez de dinero y falta de plataforma partidiaria”, como dice.

En total, son dieciséis los convocados a esta rara galería de meritorios hijos de vecino. El título del volumen es, por cierto, irónico: nadie va a extraer, a través de la lectura de “Chilenos de raza”, alguna conclusión medianamente definitiva respecto a la identidad nacional. Ajeno a toda forma de paternalismo, Francisco Mouat domina a cabalidad el arte de la conversación: deja hablar a sus entrevistados -los propios protagonistas o personas que los conocieron- e interviene sólo para llenar vacíos y darle continuidad al diálogo. No se imposta, no trata de parecer inteligente. Por lo mismo, este libro es mucho más que una mera patriotada: lejos del ánimo irresponsable y farandulero que por estos días hace que cualquier incidente, por anodino que sea, se convierta instantáneamente en emblema de una causa, Mouat captura una historia y se esmera en contarla bien. Aunque deslucen un par de textos quizás demasiado abocados a lo anecdótico, la mirada del autor es más nostálgica que exotista: por así decirlo, prefiere la persona al personaje. Y eso se agradece.

Alejandro Zambra

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