Leer a los atomistas, Demócrito, Epicuro y Lucrecio, lleva a descubrir que la historia del mundo comenzó cuando dos átomos se encontraron, cuando dos torbellinos o danzas químicas se combinaron, como dice Cézanne a Joachim Gasquet. También lleva a descubrir que el tiempo y el espacio son efectos del azar, y que cada cosa es una “asamblea” (un concilium dice Lucrecio) de elementos. A esta filosofía del encuentro, Louis Althusser la denomina materialismo aleatorio.
Los estudios aquí reunidos examinan la estrategia de este materialismo, que invierte y desajusta la jerarquía sostenida en una esencia (Ousia, Essentia, Wesen), Razón (Logos, Ratio, Vernunft), Origen y Fin. Este camino, por un lado, permite establecer que el vacío atomista no es un sustrato espacial en el que los objetos vienen a tomar lugar, y tampoco es un estado originario al modo de un arché o principium, sino que es el “campo libre” que deja-ser, y, por otro lado, que el azar o clinamen no es un gesto del ser (átomo), ni la decisión o inclinación de un sujeto, sino una casi-nada que va a provocar el comienzo de un mundo.