Blusa, especie de diario o conjunto de anotaciones de duelo escritas entre 2018 y 2019, registra detalles de una experiencia trastocada por la muerte de la madre: «Se esfuma la topología humana, el espacio tan derecho en el que somos como somos». El mundo transfigurado por los síntomas que comparten el luto y el enamoramiento, se alterna con un asedio a los lazos maternofiliales y sus clichés narrativos, la literatura que se diría típica en torno al tema de la finitud, películas de fantasmas y sermones de médicos, y hallazgos hechos en las libretas de la propia madre difunta. El duelo salir parece aquí de lo individual para tomar en cambio una voz colectiva, ofuscada o tragicómica, un extraño nosotros situados en entornos periféricos o rurales donde además van dejándose entrever —a la luz de lo póstumo— los roles históricos que se asocian con el amor, el aprendizaje y los cuidados.