Descripción
Las personas que han vivido situaciones de abuso sexual conocen de cerca la soledad. La sufrieron primero con el abuso y el silencio al que fueron obligadas. Si lo contaron y no las escucharon, la vuelven a sentir. Si lo contaron y no les creyeron, otra vez. Si lo contaron, les creyeron y nadie hizo nada, una vez mas. Entonces, algunas deciden que ya no lo van a contar. Guardan esa historia y cargan con ella mas solas que cuando la vivieron. ¿Como cabe tanta soledad en una sola persona? Algunos podran decir que es muy duro escuchar tanto dolor. ¿Y vivirlo? Algunos estaran dispuestos a escuchar, incluso a pesar de la carga de tanto dolor. Pero para que estos oidos puedan escuchar bien, comprender, recibir y dar, es necesario que alguien los guie. Porque si, es cierto: duele escuchar.Los seres humanos no podemos vivir en soledad, como tampoco podemos sanar nuestras heridas sin un punto de apoyo que nos sostenga, que nos ayude a levantarnos de las caidas que el recuerdo nos provoca, que nos refleje en su mirada el valor que tenemos como personas. Ojala el abuso sexual no existiera. Ojala los monstruos de verdad fueran de mentira. Ojala nadie, nunca, jamas, se atreviera a hacer daño a un niño. Y mucho menos, a dejarlo crecer solo y herido. ¿Pero que seria de todos nosotros si no existieran otras personas pensando en la mejor manera de ayudar? Estariamos todos solos. Por eso todos necesitamos este pequeño libro: para saber como escuchar, y acompañar, y sostener.Sandra BaitaPsicologa clinica - Escritora